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La visita del Papa de la reconciliación conjugó la oración y la política social

Durante cinco días de visita a Colombia, el Papa Francisco logró que el país se vistiera de fe, esperanza, paz y perdón. Hoy, todo el pueblo colombiano a una sola voz le dice: “Gracias Papa por venir a renovar nuestros espíritus y llenarnos de futuro el corazón”.

Por Lourdes Molina Navarro (*)

Especial para ABC de América

(*) Periodista y escritora colombiana con trayectoria en medios de comunicación económicos y empresariales. Actualmente aspirante a Magister de Estudios Políticos en la Universidad Javeriana de Colombia.

Ante todo, hay que reconocer el enorme carisma y simpatía de Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, quien con su contundente mensaje de reconciliación, le cambió, por unos días, la cara a un país que se debate entre la más aguda polarización de ideas y puso, a unos y a otros, contra las cuerdas de la reflexión y de la generación de conciencia, en uno de los escenarios políticos que ha encerrado la mayor polémica de los últimos tiempos.

Y es que su mensaje por la paz es indiscutible y su compromiso con la justicia social, así como la advertencia sobre las amenazas ambientales que se ciernen sobre el planeta y el papel de los gobiernos del mundo por el cierre de conflictos, el freno a la corrupción y la defensa de los derechos humanos, es innegable. Y señoras  y señores, así de claro es, eso es política y no tiene nada de malo.

De hecho, toda acción humana es política en la medida en que tiene un impacto social, y el sumo pontífice no solo es el más grande líder religioso del mundo, también es un jefe de Estado e igualmente, como lo ha demostrado, tras la bondad de su sonrisa, tiene la habilidad requerida para manejar el universo político del Vaticano.

Este papa nacido en Latinoamérica, jesuita, y con orientación profundamente humanista, no solo reconoce con total humildad su vulnerabilidad como la de todos los hombres, sino que combina su visión global geopolítica con un nuevo orden mundial donde critica el consumismo y el materialismo por considerarlos flagelos que solo contribuyen a aumentar la brecha con los marginados sociales que son su principal foco de atención.

Desde su nombramiento como mayor jerarca de la iglesia católica, no ha hecho otra cosa que romper paradigmas, incluso hasta en la selección del nombre que lleva como Papa: Francisco, en honor a San Francisco de Asís, ¿acaso una suerte también de política social?, porque lo hizo acordándose de los pobres del mundo, de sus atribulaciones y de la profunda desigualdad e inequidad que existe en el planeta, que, como lo ha expresado en muchas ocasiones, son grandes generadoras de violencia.

Sin embargo, durante estos días en los cuales transcurrió la visita papal, observé como se huía de la palabra “política” como si fuera la peste y de todo aquello que tuviera ese tufillo y la verdad pienso que no había lugar para rasgarse las vestiduras y hacer tanto aspaviento, ojalá tuviéramos en el mundo más líderes como el Papa Francisco que hicieran verdadera política pública y social, esa que surgió para ayudar a la gente y no para enriquecer a unos pocos.

Se escucharon voces como la del nuncio apostólico en Colombia, Etore Ballestrero quien manifestó que el Papa haría “una visita pastoral, religiosa, con  un mensaje de unidad y no con fines políticos”, lo cual ratificó Greg Burke, portavoz de El Vaticano, “se trata de un viaje pastoral para anunciar el evangelio”, mientras el vicepresidente de la República, el general Óscar Naranjo,precisó que el  discurso del Santo Padre “sería superlartivo en términos espirituales y para nada político”, en contraste con el escritor Alfredo Molano, quien en una columna de su autoría expresó: “a Francisco lo tengo como uno de mis maestros políticos, un tema que en el fondo considero espiritual”.

Y claro que sí, no hay que intentar tapar el sol con un dedo, el Papa Francisco vino a ratificar la paz de los colombianos, qué duda cabe, no la paz del presidente Juan Manuel Santos, no la del  expresidente Alvaro Uribe, no la de las FARC, sino la de todos!!! y a corroborar, de primera mano, que la fe en Jesús está viva por estas tierras, en un cosmos donde religiones como la evangélica y la cristiana, entre otras, sumadas a los pensamientos agnósticos y ateos del mundo, van en aumento.

Tanto es así, que el Papa escogió visitar a Colombia en un momento particular, tras la firma de un acuerdo de paz con el mayor grupo alzado en armas en el país, las FARC, pasando la página de 53 años de un conflicto armado que dejó 263.000 víctimas.

Y por ello, fue sobrecogedor e impactante el encuentro del Papa, en Villavicencio, con las víctimas y victimarios del conflicto, seleccionados por el Episcopado Colombiano. La poderosa voz de los testimonios de personas que han sufrido en forma directa la verdadera cara del  horror, nos pone en un camino de reflexión muy profunda: ¿será que a través del perdón de estas víctimas a sus verdugos se puede encontrar y construir un camino hacia el perdón?  Y que así, de esta forma…¿llegue la reconciliación?, respondiendo a la frase del Sumo Pontífice “demos el primer paso” y teniendo en cuenta, eso sí, que el perdón real solo podría alcanzarse a la luz de un diálogo constructivo y respetuoso que nos ponga en la senda de una nueva y pacífica sociedad.

Los actores de la contienda política del país

En esta contienda de titanes políticos que ha sumido al país entre dos fuerzas, hasta ahora irreconciliables, -ni siquiera el Papa pudo lograrlo cuando tuvo a Santos y a Uribe juntos durante la famosa audiencia en El Vaticano-, pienso que quizá el más grande error de Uribe al atizar la hoguera ha sido el tono y la cantaleta, que para muchos es una ladilla, y quizá el de Santos ha sido el de todo se vale por alcanzar el fin de la paz y acaso el de las Farc, su falta de humildad, porque frecuentemente escucho decir que no se percibe sinceridad en la palabra “perdón” por parte de sus dirigentes… y eso puede pesar en las urnas y no facilita la reconciliación.

El Papa sabiamente en sus mensajes dijo: “No todo está perdido, porque los seres humanos capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse… no nos dejemos arrebatar la esperanza, construyamos ya una nueva sociedad”, frases que adquieren una relevancia mayúscula en estos momentos.

Uribe, que es un animal político sin igual, verdadero caso de estudio, le dijo al Sumo pontífice, a través de una carta: ”Nunca nos hemos opuesto a la paz, sin embargo, la impunidad total a los responsables de delitos atroces, su elegibilidad política, la autorización legal que han recibido para gastar dineros ilícitos en sus actividades políticas, y otros puntos, se constituyen en estímulos al delito”.

Y continúa: “estamos de acuerdo en el tratamiento generoso a los guerrilleros rasos que cumplan con sus compromisos, tema que separamos de la impunidad total concedida a los cabecillas”, al tiempo que se refirió a la paz construida con legalidad y pidió su bendición para él, su familia y allegados.

Santos por su parte, en una columna publicada en El Tiempo en septiembre de este año, expresó:“Gracias al Acuerdo de Paz, después de varios años de espera, los colombianos tendremos la oportunidad de recibir en nuestro país la bendición del Santo Padre y su mensaje de paz y reconciliación”, frase con la cual atribuye la visita papal a la firma del acuerdo de paz, lo cual le valió la ácida crítica del Uribismo especialmente, entre otros sectores.

A su vez, los líderes de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, partido político que surge tras la desmovilización de la guerrilla de las FARC, le solicitaron un encuentro privado al Papa Francisco por medio de una carta.

Así las cosas, aunque muchos de los que están en este baile, quisieron ver gestos del Papa, en uno u otro sentido, referidos a estos tres actores, e hicieron sus propias interpretaciones y hasta especulaciones en cada caso, lo cierto es que el Santo Padre no manifestó rechazo alguno por Uribe, tampoco aplaudió a Santos, aparte de obviamente compartir la cordialidad natural entre dos jefes de Estado, en el cual uno es el anfitrión y el otro el invitado y tampoco se reunió con las FARC. No le hizo el juego a nadie, se sintió complacido con la paz alcanzada en Colombia y se dedicó a transmitir a los fieles el mensaje de política social que ha venido pregonando desde que es Papa.

Personalmente creo que la paz,  imperfecta o no, es muy necesaria  para Colombia y prefiero una guerrilla desmovilizada, que ingrese al escenario político, y no que esté en el monte disparando. Este es un logro que la historia seguramente le reconocerá a Santos, aunque haya que hacer correcciones en la implementación de los acuerdos suscritos.

Flaco favor le hace al país y a su democracia, tanto resentimiento, tantos odios y tanta división, hoy vemos que la mayoría de los candidatos presidenciales opta por las firmas para validar su aspiración y no se lanzan por los partidos políticos en los cuales militaron, con lo cual no solo los debilitan sino que a algunos los condenan a muerte.

El Papa Francisco señaló que “la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. No es la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, quien rige la convivencia pacífica”. ¡Cuánto tienen que aprender nuestros líderes de su ejemplo!

Para los jóvenes el regalo de su mensaje fue ambicioso: “¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande! También vuestra juventud los hace capaces de algo muy difícil en la vida: perdonar”.

Y cuando el Santo Padre se refirió a la corrupción, dijo: “Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”.

Y por último habló de reconciliación y verdad: “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto”. “Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos”, poniendo el dedo en las heridas abiertas de una sociedad como la nuestra que no encuentra respuestas a muchas injusticias.

 Rol político del Papa Francisco en el mundo

 Y para que lo tengamos presente, las intervenciones en política del Santo Padre no son nuevas; una de las más significativas fue su mediación en las tensas relaciones entre Estados Unidos y Cuba. No hay que olvidar, que en 2014, Barack Obama y Raúl Castro, presidentes de Estados Unidos y de Cuba, anunciaron al mundo un acercamiento diplomático entre los dos gobiernos, el cual le agradecieron públicamente al Papa Francisco.

Su Santidad ha estado en zonas de conflicto como Israel y Palestina, reuniéndose con los principales líderes políticos, incluyendo a Benjamín Netanyahu y así mismo ha visitado países que no son cristianos como Corea del Sur y Turquía, en un claro reconocimiento de la importancia de la geopolítica del universo y del mismo modo ha visitado a países que atraviesan por la etapa del postconflicto como ocurre con Sri Lanka y Filipinas. Es conocido también que ha intervenido en Venezuela, en donde lo han buscado para ayudar a distensionar la difícil relación que existe entre el Gobierno y la oposición.

 Mi experiencia personal con la visita

Sentí una emoción indescriptible cuando el papa bajó del avión, saludó  y pisó el suelo colombiano y cuando nos miró y sonrió entendí la magnitud de la visita y la importancia de poner esa dosis de esperanza en una Colombia dividida y llena de preguntas.

Creo en Dios y tengo que decir que cuando asisto a misa, comparto ese momento con alegría y pido bendiciones para mi familia y amigos, pero debo reconocer que ni voy a misa todos los domingos ni mi concepto de religión es la camándula y las novenas a santos y a vírgenes, aunque llevo el nombre de una, y mucho menos los golpes de pecho.

Me llegaron al alma estas dos frases del Papa Francisco: “No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”.

Confieso que huyo espantada de todo aquel que me habla de religión con fanatismo y que para todo invoca el nombre de Dios, como si él tuviera la responsabilidad de solucionarlo todo. Para mí lo importante es el ejemplo y el cariño por el más próximo, sea quien sea, y si estoy equivocada, lo lamento, pero eso pienso y por ello la humanidad de este hombre me conmovió profundamente.

Conozco personas que amparadas en una supuesta religiosidad se creen con el derecho de ir juzgando a la otras y hacerles la vida de cuadritos a los demás con agudas críticas y falta de tolerancia. Vivimos lamentablemente inmersos en una prédica hipócrita donde bajo una supuesta moralidad escuchas decir que esta persona es mejor o peor porque hace esto o aquello y tristemente ves cómo, por ejemplo, hay quienes en medio de una visita de esta trascendencia, se ocupan de si Tutina llevaba aquel vestido o no, si era el color indicado, que si atendía o no el protocolo. Debo decir que a mí me pareció que la Primera Dama desempeñó su rol con excelencia, contándole al Papa todo lo que iba pasando, con una sonrisa y una imagen impecable.

 ¿Qué va a pasar si no hay reconciliación?

Pienso que la paz puede convertirse en una gran frustración si no se supera la polarización y el resentimiento. Incluso podemos tener sorpresas muy desagradables políticamente si no se dan las coaliciones adecuadas y se privilegia el bienestar general a la hora de escoger al mejor candidato o candidata a la Presidencia de la República.

Está por verse si la bendición del Papa Francisco alcanza para unir a los católicos, o a las buenas personas, como él dijo, sean del partido que sean, alrededor del objetivo de pensar en Colombia y en un futuro de desarrollo y oportunidades.

El Papa se fue y con su partida se marchó también el “efecto Papa”. Colombia estuvo tan feliz que no se acordó en esos cinco días del IVA de 19 %, de los escándalos de corrupción como el de Odebrechet y otros más que denuncian hasta el robo de los refrigerios infantiles, por ejemplo, mientras persisten los temores de los Uribistas por una democracia maltrecha, donde aparece el fantasma de una Venezuela que aterra y la visión de Santos que incorpora el reconocimiento de las víctimas, justicia transicional, reformas constitucionales y políticas, proyectos y reformas económicas y sociales, dejación de armas y reintegración a la vida civil de excombatientes ilegales, entre otros.

Lo que no podemos perder de vista es que la paz que queremos es para todos los colombianos y no solo para los ex guerrilleros y se trata de construir las bases para un nuevo país, si eso fuera posible.

Por último, a todo señor, todo honor, y la nota sobresaliente que obtuvo Colombia en la santa visita le corresponde al Gobierno y a todo el equipo humano que se lució con la logística y la organización, bajo la batuta del vicepresidente de la República, el general Óscar Naranjo, quien tuvo a su cargo la misión más grande de su vida, según sus propias palabras, preparar este acontecimiento, en las cuatro ciudades, Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, apoyado con un dispositivo de 36.000 policías y militares y una inversión, como la ha llamado la administración, de $28.000 millones, para que los 49 millones de colombianos pudieran participar de este momento, en forma normal y eficiente, en torno a los trece eventos que se organizaron alrededor del Papa.

En todo caso y no es para hacer drama, el Papa Francisco, desde su pontificado, en un hombre de gran peso político y consiguió su propósito: nos dejó pensando que son los valores los que pueden hacer la diferencia en Colombia, ahora que todas las pretensiones políticas están por salir a mostrar los dientes.