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Santay, un destino en la costa de Ecuador para disfrutar de la naturaleza y apoyar a una comunidad

Andes: Elsa Rodríguez dibuja una sonrisa al observar la llegada de una lancha con un grupo de visitantes que acodera en el muelle turístico de la isla Santay, en la provincia ecuatoriana de Guayas.

Vestida con gorra, pantalón y camiseta de color verde, esta guía turística de 65 años, da la bienvenida a los recién llegados, que es un grupo de periodistas, autoridades y otras personas invitadas.

El cielo está nublado, el viento lleva la fresca brisa del río Guayas al muelle, donde doña Elsa se ofrece a organizar un recorrido turístico por los distintos atractivos de la isla, uno de los principales destinos de esta zona costera del país, situado frente a Guayaquil.

 

Es la víspera del feriado de cuatro días, y los habitantes de la isla, organizados en una asociación comunitaria, se aprestan a recibir a los turistas en pos de obtener recursos que les permitan paliar la complicada situación tras el accidente provocado el pasado 12 de octubre por un barco pesquero que colisionó y derrumbó parte del paso peatonal y ciclístico, principal medio de conexión entre Guayaquil y la isla.

Para reducir en algo este daño a la infraestructura, las autoridades del Ministerio de Turismo han conseguido de autoridades locales el uso de tres muelles para el traslado de los visitantes a través del río. Estos están ubicados en el Yacht Club Naval, otro a la altura de la calle Tomás Martínez, en el sector del malecón; y el muelle municipal del mercado Caraguay, en el sector Sur, cuyo uso será más bien para logística.

Ricardo Armijos, coordinador zonal del Ministerio de Turismo, manifestó que el horario de atención de los ‘tures’ será de 09:00 a 16:00 (hora local) y tendrán un costo de 5 dólares. En días que no corresponden a feriado ni fin de semana, el costo incluye un refrigerio.

“Esperamos que en estos cuatro días de asueto la gente venga a disfrutar de este paraje”, señaló el funcionario, quien indicó que solo el año pasado registró el ingreso de 300.000 personas, convirtiéndolo en uno de los destinos más visitados del país.

Los 350 habitantes de la isla casi en su totalidad viven de los ingresos del turismo. Antes de que se construya el puente que lo unía con Guayaquil en 2013, las 56 familias estaban abandonadas por las autoridades y solo vivían de la pesca en el río Guayas y el golfo.

Jackeline Achiote es una de las comuneras encargadas del comedor comunitario. Esta madre de familia dice que en este feriado ofrecerán deliciosos platos de la gastronomía costeña a módicos precios, a la vez que se puede aprovechar de la vista panorámica del paisaje tropical por los ventanales del restaurante que tiene forma de una cabaña.

Achiote recuerda que antes del accidente del barco llegaba un promedio de 2.000 visitantes los fines de semana y ahora no se llega ni a los 400. “Reconocemos los esfuerzos que hacen las autoridades pero esperamos que lo más pronto posible se reconstruya el puente peatonal para que retornen los turistas”, relata.

Jorge Parrales, presidente de la Asociación de Moradores, señala que la comuna cuenta con dos lanchas para el traslado de 26 pasajeros cada una. Con el uso gratuito de los muelles en el malecón guayaquileño se facilita el acceso por vía fluvial del turismo.

La próxima semana la comunidad recibirá de parte de las autoridades la entrega de cuatro motores fuera de borda que permitirán mejorar los tiempos de traslado que toman aproximadamente unos 15 minutos desde el malecón porteño.

 

En la isla, de unas 2.000 hectáreas declarada Área Nacional de Reserva, los turistas pueden contemplar una variedad de árboles del bosque seco, húmedo y manglar, así como aves que anidan y se alimentan en estos tres tipos de ambientes. También se cuenta con un pantano, donde habitan en cautiverio doce cocodrilos que son la principal atracción.

Es un lugar donde se puede respirar aire puro y huir del bullicio de las grandes ciudades, dice Parrales, quien señala que la isla ofrece hospedaje para familias de hasta cinco miembros a un costo de 30 dólares por persona, incluidos los desayunos y almuerzos.

En la isla generan su propia energía eléctrica a través de paneles solares que se instalaron en sitios estratégicos y en cada una de las 56 casas de la denominada ‘Ecoaldea’, donde viven igual número de familias.

Los habitantes dicen que tienen previsto organizar presentaciones artísticas de amorfinos (versos populares) y otras distracciones para entretener a los turistas en este feriado por el Día de los Difuntos y la Independencia de Cuenca.

“Aquí estamos optimistas, no perdemos la fe de que nos seguirán acompañando”, expresa Elsa Rodríguez, mientras se traslada por una de las camineras de madera que contemplan el complejo turístico Santay, que es uno de los componentes del megaproyecto Guayaquil Ecológico.

Esta obra se desarrolló durante el gobierno anterior, de Rafael Correa, y se complementa con el rescate del estero Salado y la construcción de Parque Samanes, uno de los más grandes de Latinoamérica.

Mientras se preparan los habitantes de Santay y las autoridades para activar el turismo, paralelamente se trabaja en la reparación del puente peatonal.

El Servicio de Contratación de Obras (Secob) llegó a un entendimiento con la empresa propietaria de la embarcación siniestrada, que se encargará de cubrir todos los gastos que demande la reparación integral del paso peatonal y ciclístico y área basculante. Se tiene previsto que estos trabajos tomen unos tres meses, indicó en días pasados el gobernador de la provincia, José Francisco Cevallos.