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Frente a falsas noticias, ¿el periodismo asume la responsabilidad de verificar y contrastar la información?

Por LOURDES M, MOLINA NAVARRO, Editora Jefe ABC de América, enviada especial a Reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP.

“Le dije a mi mujer que iba a entrevistar al presidente de la Federación de Aceite de Palma de Colombia y me miró como si fuera a hablar con Pablo Escobar”.


“Me dijo: pregúntale por los orangutanes y le respondí: pero si en Colombia no hay orangutanes”. Con este relato, el periodista Miguel Ors Villarejo, director adjunto de la Revista Actualidad Económica de España, abordó una temática que hoy impacta seriamente al periodismo del mundo: “Verificación de datos y noticias falsas”, nombre del panel que se desarrolló en el marco de la Reunión de Medio Año de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, que finalizó el pasado domingo en Cartagena.

En este panel, además de Ors Villarejo, participaron Juan Gossaín Abdala, periodista y escritor de varias novelas, quien fue por más de treinta años director nacional de noticias de la Radio Cadena Nacional de Colombia, RCN Radio, y Juan Lozano, periodista y abogado, director del canal de televisión Red Más Noticias y decano de la facultad de Comunicación social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda. Como moderador estuvo el periodista José Manuel Acevedo, abogado y profesional en Ciencias Políticas y subdirector de Noticias RCN.

Ante una audiencia de reconocidos periodistas y líderes de la región, Ors, refiriéndose a las falsas noticias en el contexto de los negocios, manifestó que “la campaña de desinformación que se ha llevado a cabo contra el aceite de palma, así como contra otros determinados productos, ha sido tan feroz que en Francia consideraron la posibilidad de imponerle un gravamen especial, que al final no salió adelante, pero ha deteriorado tanto la imagen de este producto, que muchas marcas lo están retirando de su lista de ingredientes e incluso se publicitan como sin aceite de palma y no hay ningún estudio que haya demostrado que sea perjudicial, por eso la iniciativa no salió adelante en el Parlamento Europeo, pero hablando de cómo afecta, la Unión Europea está estudiando una directiva en la que puede catalogar al cultivo de la palma como agresivo contra el medio ambiente y de alto riesgo porque acaba con superficies forestales cuando ese tipo de riesgo, quizá exista en Asia, pero no en Colombia o Costa Rica, por lo cual es muy importante para los periodistas matizar la información”.

El dedo en la llaga

Poniendo el dedo sobre la llaga en un sociedad cada vez más digital y en un ejercicio de autocrítica, Juan Gossaín expresó que considera que el periodismo tradicional: periódicos, revistas, radio y televisión, “no lo estamos haciendo bien en términos generales, estamos haciendo todo lo contrario, contribuyendo a la mentira, al caos, a la desinformación y a que la gente esté confundida”.

Argumentó que antiguamente las fuentes buscaban a los medios, pero hoy el señor senador, ministro o expresidente, creó su fuente y tiene la facilidad instantánea de decir lo que piensa. El periodista tiene que ir a la fuente y allí comienza la cadena de las mentiras porque cada cual inventa su propia fuente.

La pregunta a su juicio es: ¿si la fuente ya puede prescindir de los medios, solo vamos a ser divulgadores de lo que pasa o vamos a ser auditores y vigilantes de lo que se divulga?, ¿tenemos ahora una responsabilidad adicional, vigilar a los medios electrónicos, lejos de seguirlos y orientarnos en ellos?

Estimó que la problemática tiene varios ángulos: desde el punto de vista ético, el profesional – periodístico, y el empresarial, al tiempo que subrayó que la responsabilidad del periodista y del medio, hoy es mayor que nunca y consiste en divulgar la verdad y que no se cuenten mentiras.

¿A donde se fue el fervor?

A su turno, Juan Lozano señaló que la crisis se centra más en el modelo de negocio de los medios tradicionales que en el fervor periodístico. “El gran desafío se ha generado porque en el pasado lo que existía era una receta orientada a que el modelo fuera rentable y las redes sociales han cambiado esa realidad”, expuso.

“Yo soy optimista, creo que tenemos por delante un mundo de oportunidades, de trabajar en una sociedad hiperconectada y eso no debe ser motivo de preocupación, sino de ilusión, no motivo de angustia sino un catálogo de retos para que esa sociedad encuentre en la maraña de las redes sociales, unas organizaciones con la capacidad de hacer una curaduría y selección adecuada, generando indicaciones a través de visiones que estén fundamentadas en la verificación de los hechos y en la presentación de visiones distintas”.

Dijo que una de las trampas del concepto fake News, “es que si algo es mentira, luego algo debe ser verdad pero la interpretación de los hechos no responde a una verdad única, hay una trampa sobre cuál verdad, pero lo hermoso y emocionante del periodismo es que a partir de unos hechos ciertos, uno está en la capacidad de generar una interpretación distinta, que si es honrada, va a nutrir una forma de democracia, de pluralismo, de comprensión verdadera”.

Agregó que cualquiera que tenga un teléfono celular, ya se adelanta a dar la noticia porque todas las personas están conectadas,  “no tenemos un apocalipsis sino muchos desafíos, en un mundo que se volvió digital, una oportunidad de oro si asumimos con compromiso esta nueva civilización interconectada desde los medios y debemos hacer una selección adecuada, fundamentada en la verificación de los hechos y la visión de varias vertientes”, acotó.

Llegó el momento, ¿qué hacer?

Miguel Ors Villarejo, expresó que, a su modo de ver, el problema de las fake news está en el lado de la demanda y no de la oferta y para explicarlo recreó el caso del meteorito que iba a impactar sobre la tierra y acabar con el mundo…contado por su sobrina, presa del pánico.

“Tengo una sobrina que tiene 30 años, licenciada en psicología y trabaja en el Departamento de Recursos Humanos de una empresa importante, aficionada a la ópera francesa, es decir, es una persona culta, por encima de la media, y sin embargo, me llamó para preguntarme sobre el meteorito y yo le dije: ¿cuál meteorito?. Y me dice: ¿no te has enterado del meteorito que va a estrellarse contra la tierra a destruirnos?… No sé de qué estás hablando, le respondí”.

El caso es que mientras la audiencia se reía, Ors explicaba que su sobrina había entrado en una cámara de eco, había leído un artículo de un “chiflado” que hablaba sobre temas apocalípticos y entonces Facebook la había clasificado como una fans de estos temas y cada vez le enviaba más y más contenido, hasta el punto que ella terminó aterrada, pensando que ya llegaba el fin del mundo.

“No me costó trabajo convencerla, preguntándole que si había visto el tema en la portada de El Mundo o del ABC y al responderme que no, le dije: entonces no te preocupes y quédate tranquila”.

Por lo anterior, entre otras razones, Ors argumentó que los periodistas representan un filtro indispensable para tomar buenas decisiones y que es fundamental que pongan matices en sus notas, porque al final “las noticias de meteoritos van a acabar adueñándose, no de mi sobrina y de cuatro chiflados sino, de toda la sociedad”.

Concluyó diciendo: “soy optimista porque siempre va a existir demanda de buena información. Por eso antes de que hubiera prensa, radio y medios de comunicación, los mercaderes y los políticos se reunían en las iglesias o en los cafés para tratar de saber que iba a pasar porque la información es un bien de primera necesidad”.

Gossaín indicó que es muy grave lo que está ocurriendo y que desde el punto de vista ético, hay que convencer al ciudadano porque se interese por informarse adecuadamente con contenidos serios e instó a la SIP para que organice una campaña monumental dirigida al ciudadano, que involucre al sector académico y tenga la siguiente consigna: “lo importante no es quien lo dice primero, sino quien dice la verdad y mejor dicha, porque hay que contarlo bien”.

“Comprometamos a todos los medios de América Latina, para que sean capaces de convencer a la gente, no se puede dejar al garete la información, esto es peor que la peste negra”.

Le compartió al selecto auditorio, las inquietudes de los comunicadores jóvenes, en especial de Jaime Alberto Carvajal, un periodista que le escribe y que le ha formulado la siguiente pregunta: ¿vale la pena estudiar periodismo, ¿se va a poder vivir de este trabajo? “Carvajal ha llegado al punto, en su preocupación, de hacer una encuesta y formular la pregunta a los estudiantes de periodismo y ellos en un porcentaje de 70 %, han dicho que no recomiendan estudiar esta carrera, concepto que representa un peligro monstruoso para las próximas generaciones, manifestó Juan Gossaín.

Igualmente se pronunció sobre el futuro de los reporteros gráficos, cuando ahora todo el que lleva un celular en el bolsillo, puede tomar una foto y así mismo se refirió a la importancia de unir a la empresa periodística por dentro, que se entiendan la gerencia y la redacción porque la empresa como tal, está en peligro y el tema es de institucionalidad periodística.

Juan Lozano, a su vez, fue enfático en manifestar que la oportunidad del periodismo actual no está en las primicias, sino en entregar mejor información y recordó que solo hasta 1991 la Constitución Nacional incorporó tres palabras: No habrá censura.

“Los periodistas asumimos la responsabilidad con la información, ya que a nosotros nadie nos puede decir qué publicar pero la responsabilidad de lo que esto implica también es importante. En Twitter ocurre lo mismo, la responsabilidad es idéntica y el calumniador de una columna en El Tiempo o en Twitter se va a la cárcel por igual, como ocurre con YouTube. Cuando la gente abusa, está infringiendo la ley y debe ser sancionado”, expresó.

Explicó que así como el derecho a la libertad de expresión se estableció para los periodistas, el derecho a informar es correspondiente con el derecho de la sociedad a estar bien informada y hay una responsabilidad de doble vía, que se consagra como un derecho fundamental y por eso se puede utilizar la tutela.

“Aquí se requiere educación, un aparato judicial que opere cuando tenga que hacerlo y que la sociedad asuma esta nueva circunstancia de hiperinformación. El desafío está en los nuevos formatos y en los jóvenes consumidores de información, donde los empaques novedosos son clave”.