El primer pontífice originario de América construyó su papado con el mensaje de escuchar el llanto de los pobres y los marginados, dedicando duras críticas al capitalismo financiero de Occidente, llamando a regresar a una Iglesia católica más inclusiva y abordando de manera frontal los escándalos por corrupción y abusos sexuales de la curia.
El hombre más poderoso de la Iglesia católica apostólica y romana, el Papa Francisco, murió este 21 de abril a los 88 años a causa de complicaciones respiratorias.
“Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar el fallecimiento de nuestro santo padre Francisco. A las 07:35 de esta mañana [05:35 GMT], el obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre“, expresó el camarlengo del Vaticano, el cardenal Kevin Joseph Farrell.
Toda su vida estuvo dedicada al servicio del Señor y de su Iglesia, agregó.
“Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados. Con inmensa gratitud por su ejemplo de verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del papa Francisco al infinito amor misericordioso de Dios Uno y Trino”, pronunció Farrell, citado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
En los últimos días, los comunicados firmados por Luigi Carbone, responsable médico del Vaticano, daban cuenta de un Francisco con un estado de salud cada vez más frágil, llegando incluso a admitir el sábado 22 de febrero que su condición era “crítica” y que se le había aplicado oxígeno de alto flujo y también había requerido una transfusión de sangre.
Su última aparición en público fue el domingo 20 de abril para el saludo a los fieles con motivo de la Pascua. Tanto en aquella jornada como en días anteriores, Francisco, con su rostro visiblemente hinchado por la administración de cortisona, exhibió problemas para hablar y respirar.
En los últimos dos años, las especulaciones sobre una posible renuncia del papa Francisco a causa de sus problemas de salud habían aumentado considerablemente, especialmente desde que pospusiera en julio su viaje a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur a mediados del 2022.
Sin embargo, el pontífice dijo a los periodistas en aquel año que tenía la intención de continuar con sus labores: “Las puertas [del retiro] están abiertas, es una opción normal. Pero hasta ahora no he tocado esa puerta. No he sentido la necesidad de pensar en esa posibilidad. Eso no quiere decir que en dos días no pueda empezar a pensar en ello”.
En agosto del 2022, el Vaticano asignó una enfermera de los servicios de salud del Estado soberano para ser “su asistente médica personal”, ante la indicación de que el pontífice necesitaría más cuidado conforme envejece. Además, el pontífice tenía un especialista geriátrico personal en el Hospital Gemelli de Roma, donde ya había sido sometido a una cirugía intestinal en 2021 por divertículos de colon.
En general, el papa gozó de buena salud durante su papado, pese a tener que extirparse un pulmón por una infección que tuvo cuando era joven, y sufría de dolor en la pierna debido a una ciática. Jorge Mario Bergoglio, su nombre secular, también sufría de problemas crónicos en las rodillas, lo que finalmente impactó en su movilidad, realizando varios viajes al exterior en silla de ruedas.
Camino a la Santa Sede
Nativo de Argentina, el pontífice nació como Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires en el seno de una familia de inmigrantes italianos en 1936. Se ordenó como sacerdote en diciembre de 1969 y se recibió en el Colegio de San José, antes de convertirse en el líder de los jesuitas en Argentina y de su vecino Uruguay en 1973, cuando solo tenía 36 años. Permaneció en dicha posición hasta 1979; al año siguiente, se fue a Irlanda durante tres meses para aprender inglés y estudiar en el centro jesuita de Dublin.
Tras su retorno, sirvió durante seis años como rector del Colegio de San José, donde también trabajó como profesor de teología. Bergoglio fue nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992; subió de rango a arzobispo de la capital en 1998 y a cardenal en 2001. Pudo haber sido papa desde 2005, cuando murió el papa Juan Pablo II, pero perdió en la votación del cónclave frente al cardenal Joseph Ratzinger, quien se convirtió en Benedicto XVI.
